Seguramente muchos de nosotros hacemos propósitos al inicio de año y quizá tengamos una lista que con el paso de los años va creciendo, porque muchos de ellos los vamos postergando y bueno el tiempo es escaso, la motivación se va perdiendo conforme pasan los días y los resultados no se consiguen tan rápido como deseamos, la frustración se hace presente y el final de la historia es bien conocido por la mayoría, un propósito que pasa a engrosar la lista de cosas que no pudimos cumplir. Algunos de ellos tienen lugar preferencial en nuestra lista, porque son recurrentes como perder peso, aprender un nuevo idioma o habilidad, crear un hábito positivo como la lectura o aprender a tocar un instrumento musical. Pero, ¿Porque estos propósitos son recurrentes año con año? Luego de varios años de intentos fallidos, seguimos insistiendo en ellos. Pareciera ser una especie de autoflagelación o reafirmar que estamos destinados a fracasar en esos intentos.
Yo tengo una teoría respecto a porque año tras año, aparecen uno o varios de esos propósitos en nuestras listas de inicio de año. Antes de compartir mi teoría, explico mi dinámica o como solía ser, era levantarme y prepararme para trabajar, y luego del trabajo era ir a la universidad, terminar las clases tarde en la noche para manejar cuarenta y cinco minutos para llegar a casa, cenar, preparar las tareas (cuando las hacia) y acostarme para repetir la secuencia día a día de lunes a viernes, el sábado cambiaba un poco porque era ir al trabajo y luego a estudiar inglés. Entonces era difícil seguir el ritmo, y terminaba por desistir. Sin embargo año tras año algunos propósitos como aprender a tocar guitarra o bajar de peso seguían siendo de los primeros en mi listado, y la pregunta quizá sea ¿Porqué? y la respuesta ahora que reflexiono es sencilla, porque a pesar de sucumbir año tras año esos propósitos me permitían sentir que aun había algo que podia hacer fuera de las obligaciones que mi vida exigía y fuera del tiempo para relajarme que podia tener. Entonces en mí caso, era buscar buscar espacios en los que podía sentir que tenia el control de lo que quería hacer y que no era atropellado por la rutina del día a día.
Alguien podría sentirse familiarizado con lo que leyó, podría ser el calco de la rutina que millones de personas vivimos día con día, o solíamos hacerlo (pre pandemia) lo cierto de esto, es que he pasado muchos años engrosando la lista de "proyectos abandonados" que incluyen perder peso y ponerme en forma, aprender a tocar un instrumento que bien puede ser guitarra y piano, hacer un podcast, y escribir un blog... Sí, un blog. Puede ser que este pasado de moda y que los contenidos ya no se consuman de esta forma, pero a quién le interesa, si el objetivo es disfrutar lo que se hace e ir tachando items de nuestra lista de pendientes. A lo mejor y me sirve para mantener la memoria de mis actividades.
Si, es así como inicia esta travesía... y bueno a ver cuando encontramos nuestros molinos de viento.
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